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Modernización de sistemas legacy en banca: descubre el coste real de los sistemas legacy

Kirey

  

    El sector bancario es uno de los mayores inversores del mundo en transformación digital e innovación y, sin embargo, parte de sus operaciones aún depende de software obsoleto, a menudo integrado precisamente en los sistemas core de los que dependen cuentas, pagos, registros de clientes, préstamos y procesos de back-office.

    Las cifras ayudan a ilustrar la magnitud del problema. Según datos recientes, el 63 % de los bancos todavía depende de código escrito antes del año 2000, mientras que el 77 % afirma contar con solo una o dos personas dentro de la organización con las competencias necesarias para gestionar sistemas legacy. Más que una anomalía técnica, el legacy bancario es, por tanto, una limitación estructural, un factor que absorbe presupuestos, frena el cambio y aumenta la dependencia de un conocimiento experto cada vez más escaso.

    En este artículo nos centraremos en el coste, a menudo subestimado, de mantener en funcionamiento los sistemas legacy en las áreas core de las operaciones bancarias.

    Puntos clave

    • A pesar de las inversiones en innovación, muchos bancos siguen basando sus operaciones en sistemas legacy cada vez más difíciles de mantener y evolucionar.
    • Muchos bancos siguen evaluando estos sistemas solo de forma parcial, limitando sus cálculos a los costes visibles de licencias, renovaciones e infraestructura, sin incluir los costes ocultos.
    • La escasez de talento, la ralentización de la innovación, la deuda técnica, la complejidad regulatoria y la ineficiencia operativa son algunas de las consecuencias.

    La importancia del Coste Total de Propiedad (TCO) de los sistemas legacy

    Muchas empresas consideran que el coste de los sistemas legacy es lo que aparece en el balance, es decir, licencias, cuotas, mantenimiento y los costes de la infraestructura subyacente. Sin embargo, esta es solo una visión parcial de la cuestión, porque la verdadera pregunta no es cuánto cuesta mantener en funcionamiento los sistemas legacy, sino cuánto pesa seguir utilizándolos en las áreas más críticas de las operaciones bancarias.

    Cuando se amplía la perspectiva para incluir el Coste Total de Propiedad (TCO), surge una realidad distinta: las entidades financieras tienden a subestimar el coste global de los sistemas legacy entre un 70 % y un 80 % (Digital Bank Expert), porque excluyen de sus cálculos una larga lista de costes ocultos repartidos entre TI, operaciones, cumplimiento normativo, negocio y atención al cliente.

    El error fundamental que cometen muchas organizaciones es considerar estos sistemas como activos amortizados y, por tanto, al menos en apariencia, poco costosos. En realidad, cuestan mucho más de lo que parece.

    A continuación se presentan algunas de las áreas que deberían incluirse en el perímetro de costes.

    La escasez de talento y la esperanza puesta en la IA

    La escasez de talento es probablemente el coste oculto más insidioso de los sistemas legacy bancarios. Muchas plataformas aún en funcionamiento se basan en lenguajes y arquitecturas que pertenecen a otra era de la informática, como COBOL.

    1. El primer problema es que los profesionales capaces de entender, modificar y mantener estos sistemas están abandonando progresivamente el mercado laboral. El riesgo no es solo tener que pagar más por un conocimiento escaso, sino también perder conocimiento institucional crítico.
    2. Otro problema estrechamente relacionado es que una parte importante del conocimiento no está totalmente documentada, sino que está únicamente en manos de quienes han construido, corregido, adaptado y mantenido el software en funcionamiento durante años. Esto nos lleva de nuevo al punto anterior.

    En este escenario, la IA puede ser de gran ayuda. No porque elimine la necesidad de conocimiento especializado, sino porque ayuda a reducir la presión: las herramientas de análisis de código, la documentación automatizada y la asistencia contextual permiten hoy leer código legacy, reconstruir su lógica con mayor rapidez y dar soporte a equipos que no están formados exclusivamente por especialistas veteranos. Estas herramientas no sustituyen al experto, pero amplifican su capacidad de análisis y ayudan a que sea menos frágil una dependencia que, para muchos bancos, ya se ha convertido en un coste importante.

    El legacy frena la competitividad

    Algunos analistas lo denominan impuesto a la innovación. Mantener en funcionamiento plataformas legacy no es solo un coste directo, sino que desvía recursos de la evolución del negocio. Dicho de otro modo, el banco no se limita a gastar dinero para mantener sistemas obsoletos en funcionamiento; está pagando por seguir conviviendo con una limitación que frena su capacidad de innovar, lanzar nuevos servicios y responder a las expectativas del mercado.

    Aquí es donde la cuestión del legacy se cruza con la competitividad. Los clientes, acostumbrados a experiencias digitales fluidas y en tiempo real en muchos sectores, esperan el mismo nivel de sencillez e inmediatez de su banco. Pero cuando el corazón de las operaciones descansa sobre arquitecturas monolíticas, procesos batch y lógicas de aplicación obsoletas, introducir nuevas funcionalidades se vuelve inevitablemente más lento y arriesgado.

    El resultado es un time-to-market incompatible con el de los nuevos actores: mientras un neobanco o una fintech puede experimentar, corregir errores y lanzar nuevos productos en cuestión de semanas, un banco construido sobre sistemas legacy puede tardar meses, si no años, en lograr el mismo resultado.

    No es casualidad, por tanto, que buena parte de la presión competitiva que ejercen los challenger banks y las fintech provenga precisamente de aquí. La ventaja de estos actores no depende únicamente de una mejor interfaz o de una marca más actual, sino de que están construidos sobre stacks modernos, modulares y API-first, diseñados para operar en tiempo real, comunicarse y evolucionar con rapidez.

    Deuda técnica: cada cambio se convierte en un riesgo

    Otro componente del TCO de los sistemas legacy tiene que ver con la deuda técnica que generan con el tiempo. La personalización ha sido siempre uno de los grandes puntos fuertes de los sistemas core: cada banco adaptaba el software a sus propias necesidades, ajustándolo a productos, procesos, restricciones regulatorias y lógicas operativas. Sin embargo, con el paso de las décadas, esta flexibilidad ha generado complejidad, y hoy cada actualización, cambio normativo o integración puede desencadenar efectos difíciles de prever.

    Los ciclos de pruebas se alargan, aumentan las dependencias entre módulos, crece el riesgo de introducir regresiones y el coste de cualquier intervención se dispara muy por encima del valor aparente del cambio solicitado. No sorprende, por tanto, que algunos bancos opten por quedarse quietos: si el sistema sigue funcionando, tocarlo puede parecer más arriesgado que seguir conviviendo con él.

    En el sector bancario, este problema se ve agravado por otros factores, como la presencia de sistemas redundantes heredados de fusiones y adquisiciones, así como la persistencia de modelos de infraestructura propios de la era pre-cloud, basados en hardware dedicado y en capacidad sobredimensionada para gestionar picos o requisitos de continuidad.

    El aumento de los costes de cumplimiento normativo

    Los bancos deben cumplir con un marco regulatorio denso y en constante evolución, con requisitos cada vez más detallados de control, trazabilidad, protección de datos y reporting. El problema es que adaptar plataformas rígidas, estratificadas y muy personalizadas a normativas como el RGPD, NIS 2, DORA y muchas otras exige un esfuerzo considerablemente mayor que en arquitecturas más modernas diseñadas para evolucionar.

    El coste no se limita al propio proyecto de cumplimiento. La verdadera carga económica se refleja en la proliferación de intervenciones tácticas, soluciones alternativas, componentes añadidos y soluciones temporales introducidas para adecuar los sistemas a los nuevos requisitos regulatorios. Cada parche y cada proceso paralelo creado para obtener un dato aumenta la complejidad del ecosistema de TI, dificulta el mantenimiento e introduce nuevos puntos de fragilidad.

    Seguridad y continuidad de negocio: el coste de la fragilidad

    En un contexto como el bancario, donde la continuidad del servicio, la fiabilidad de las transacciones y la disponibilidad de los canales digitales son elementos esenciales de la relación con el cliente, incluso una interrupción limitada o una degradación del rendimiento puede generar elevados costes económicos y reputacionales.

    El problema es que los sistemas legacy, precisamente por su antigüedad, el nivel de personalización acumulado con el tiempo y la complejidad de las dependencias que los rodean, tienden a ser más difíciles de monitorizar y proteger sin introducir efectos secundarios.

    La seguridad es una cuestión clave. Los sistemas diseñados en épocas muy distintas a la actual no se construyeron con principios de security by design y, a menudo, deben protegerse mediante capas adicionales de controles, segmentación, monitorización y mitigación de riesgos. Esto no significa que los sistemas legacy sean inseguros por naturaleza, sino que mantenerlos alineados con los requisitos actuales exige un mayor esfuerzo económico y operativo que una plataforma moderna. Si a esto se suman arquitecturas poco flexibles, datos distribuidos en múltiples entornos y dependencias de aplicaciones difíciles de mapear, es fácil entender por qué la continuidad de negocio y la ciberseguridad representan una parte significativa del coste de los sistemas legacy bancarios.

    Kirey: modernizar los sistemas legacy bancarios para impulsar la competitividad y la innovación

    En Kirey acompañamos a las empresas en sus procesos de transformación digital y contamos con una sólida especialización en el sector financiero.

    Una de nuestras actividades clave es acompañar a los bancos en los complejos procesos de modernización de sus sistemas de aplicaciones, desde el core banking hasta las plataformas que dan soporte a las funciones operativas, de toma de decisiones y de relación con el cliente. Nuestro objetivo es reducir la complejidad acumulada con el tiempo, superar las limitaciones impuestas por los sistemas legacy y devolver a TI un papel verdaderamente habilitador en la innovación y la competitividad de la entidad.

    Contáctanos para descubrir cómo reducir el peso de los sistemas legacy, optimizar sus costes y construir una infraestructura bancaria preparada para el futuro.

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