Según el informe State of API Security Report de Salt Security, el 99 % de las empresas habría detectado al menos un problema de seguridad de API en los últimos 12 meses y el 55 % habría retrasado el lanzamiento de nuevas aplicaciones por temor a su exposición. Estas cifras aclaran por qué la protección de las interfaces de aplicación se ha convertido en un reto sistémico, capaz de influir en las decisiones empresariales.
En este artículo, profundizamos en el tema de la seguridad de las API: en qué consiste, por qué se ha convertido en un elemento tan central en las estrategias cibernéticas modernas, cuáles son las principales amenazas y, sobre todo, qué prácticas adoptar para aprovechar al máximo las ventajas de las API mitigando sus riesgos.
Ventajas y riesgos de las API
En el panorama actual de las aplicaciones, las API son la columna vertebral de la interoperabilidad entre servicios, sistemas y plataformas.
Ya sea expuestas al exterior o utilizadas para orquestar microservicios, las interfaces de aplicación están en todas partes, desde aplicaciones móviles hasta plataformas de comercio electrónico, pasando por sistemas de pago, servicios bancarios y dispositivos IoT. Una investigación realizada por Akamai hace varios años estimaba que el 83 % del tráfico de Internet era generado por llamadas a API: no nos sorprendería que hoy en día este porcentaje superara ampliamente el 90 %.
Es la ubicuidad de las API, junto con su papel central en la gestión y transmisión de datos de aplicaciones, lo que las convierte en un objetivo principal para los atacantes. Las API no son simples puntos de integración, sino el canal por el que pasan las solicitudes, las identidades, las autorizaciones y la información confidencial. Atacarlas significa acceder directamente al corazón de los sistemas digitales: comprometer datos, obtener privilegios no autorizados, alterar el comportamiento de las aplicaciones o interrumpir su funcionamiento.
Seguridad de las API: amenazas contra las que hay que defenderse
Una vez aclarado por qué es fundamental proteger las API, es igualmente importante comprender contra qué hay que defenderlas. Por su propia naturaleza, las API están diseñadas para ser expuestas, accesibles y fácilmente integrables, lo que las convierte en un terreno fértil para los malintencionados.
Como cualquier componente de software, las API no son inmunes a las vulnerabilidades. Los errores de diseño, las implementaciones apresuradas o las configuraciones no óptimas pueden introducir fallos que, si se detectan, se aprovechan rápidamente. Veamos tres casos emblemáticos.
Autenticación y autorización débiles
Entre las vulnerabilidades de las API, una de las más comunes es la relacionada con los mecanismos de autenticación y autorización débiles o incompletos. En ausencia de controles rigurosos, un atacante puede aprovechar tokens comprometidos o manipular las solicitudes para interrogar al sistema y obtener acceso a recursos o datos que no debería poder ver. Se trata de un tipo de ataque especialmente insidioso, precisamente porque no requiere técnicas sofisticadas.
Ataques automatizados (DDoS)
Otro nivel de riesgo lo representan los ataques automatizados, que aprovechan las API como canal para actividades de scraping, fraude o consumo anómalo de recursos. Los ataques DDoS, en particular, consisten en generar grandes volúmenes de solicitudes a las API con el objetivo de saturar progresivamente (o instantáneamente) los recursos disponibles. El servicio afectado no se bloquea necesariamente, pero se ralentiza y se vuelve inestable, lo que repercute directamente en el rendimiento de las aplicaciones y en la experiencia de los usuarios.
Falta de visibilidad del ecosistema de API
Existe además una amenaza menos evidente, pero igualmente peligrosa: la falta de visibilidad y control sobre el ecosistema de API. En entornos complejos y en rápida evolución, formados por cientos o miles de API desarrolladas en diferentes momentos y con diferentes metodologías, es fácil que algunas API permanezcan activas más allá de su ciclo de vida, no estén documentadas o no se supervisen adecuadamente. Estas API ocultas se convierten en puntos de entrada ideales para quienes buscan aprovechar vulnerabilidades conocidas o configuraciones descuidadas.
Seguridad de las API: cómo mejorarla en 5 pasos
Proteger las API no significa introducir un control o adoptar una única herramienta de seguridad. Se trata, más bien, de una disciplina que debe acompañar a las API a lo largo de todo su ciclo de vida: desde el diseño hasta el desarrollo, desde la puesta en producción hasta su retirada. En otras palabras, la seguridad debe integrarse desde el diseño.
Visibilidad, es decir, conocer su propio ecosistema de API
El primer requisito de una estrategia sólida es la visibilidad. Una organización debe saber cuántas API están en producción, dónde están expuestas, qué datos tratan y qué sistemas o usuarios las utilizan. Esto se aplica tanto a las API documentadas como a las que han surgido de manera informal o que han permanecido activas más allá de su propósito inicial.
Conocer su propio ecosistema de API significa tener claro el nivel de criticidad de cada una de ellas: algunas son puramente informativas, otras permiten transacciones, pagos o accesos a datos sensibles. Una visión completa también debe rastrear las dependencias, los flujos de comunicación y los contextos de uso, tanto internos como externos a la organización.
Integrar la protección en el desarrollo
Una estrategia eficaz de seguridad de las API toma forma en las primeras fases del desarrollo. Antes incluso de escribir código, es esencial que los equipos sean plenamente conscientes de las amenazas más comunes, tomando como referencia marcos reconocidos internacionalmente, como el OWASP API Security Top 10. Esto permite a los especialistas diseñar API sólidas, evitando desde el principio errores de arquitectura y vulnerabilidades conocidas que, una vez propagadas en producción, resultan difíciles y costosas de corregir.
Sin embargo, el enfoque de seguridad desde el diseño no se agota en la fase de diseño. Una vez identificadas las amenazas a las que hay que hacer frente, es necesario integrar prácticas de codificación segura y controles de seguridad a lo largo de todo el ciclo de desarrollo. Las pruebas automáticas, la validación de las solicitudes, las verificaciones de los mecanismos de autenticación y autorización, así como los controles de la correcta exposición de los datos por parte de los puntos finales, deben convertirse en parte integrante de los flujos de trabajo de desarrollo y lanzamiento.
Gobernanza: definir y aplicar políticas coherentes
En el ámbito de la seguridad de las API, gobernar significa definir políticas granulares y coherentes que regulen todo el ciclo de vida de las API.
En este sentido, son fundamentales las políticas de autenticación y autorización: quién puede acceder a una API determinada, con qué credenciales, durante cuánto tiempo y con qué privilegios. A esto se suman las políticas de acceso a los datos, que establecen qué información puede exponerse y en qué contextos, aplicando de forma rigurosa el principio del mínimo privilegio. Otras medidas relevantes son la limitación de velocidad, es decir, el mecanismo que limita el número de solicitudes permitidas en un intervalo de tiempo determinado para evitar abusos y ataques automatizados, y la gestión de versiones, fundamental para evitar que las API obsoletas permanezcan expuestas sin las protecciones adecuadas.
Las herramientas adecuadas: el papel clave de la API Gateway
Las herramientas también desempeñan un papel decisivo en una estrategia de defensa eficaz, y la API Gateway es el punto de partida. La gateway es la puerta de entrada por la que transitan las solicitudes hacia las API y desempeña una función de control, enrutamiento y mediación entre los clientes y los servicios de aplicaciones.
Es precisamente en este nivel donde se aplican muchas de las políticas definidas por la gobernanza. Centralizar estos controles permite reducir la complejidad general del ecosistema, garantizando un nivel de seguridad coherente y uniforme.
Monitorización continua: de la prevención a la resiliencia
Ni siquiera la mejor estrategia de prevención elimina el riesgo por completo. Por ello, analizar el tráfico de las API en tiempo real permite detectar comportamientos anómalos, intentos de abuso y patrones sospechosos que escapan a los controles estáticos.
La supervisión no solo se refiere a la cantidad de solicitudes, sino sobre todo al comportamiento: secuencias anómalas de llamadas, accesos a recursos inusuales, variaciones repentinas en los volúmenes o en los puntos finales utilizados. Esta capacidad de observación es fundamental para detectar ataques silenciosos, que aprovechan las API legítimas para moverse dentro de los sistemas.
Kirey: valorizar los ecosistemas API de forma segura y sostenible
En Kirey, apoyamos a las organizaciones en sus procesos de transformación digital orientados a reforzar su competitividad, sin perder de vista los riesgos que conlleva dicha transformación.
La seguridad de las API representa la intersección perfecta entre dos competencias distintivas de Kirey. Por un lado, el desarrollo y la gestión del ciclo de vida del software según paradigmas modernos, basados en arquitecturas nativas de la nube, microservicios e integraciones avanzadas; por otro, una visión de la ciberseguridad como fundamento de toda solución digital y no como una actividad accesoria o posterior.
Es gracias a la unión y la sinergia de estas competencias que podemos ayudar a las empresas a valorizar sus ecosistemas de API, transformándolos en un verdadero facilitador de nuevos servicios digitales, competitividad e incluso modelos de negocio innovadores.
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