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Un año más, Kirey apoya la investigación junto a la Fondazione Umberto Veronesi

Kirey

  

    SMIRIGLIA

    El compromiso de Kirey junto a la Fondazione Umberto Veronesi en apoyo de la investigación científica continúa también en 2026, a través de una beca destinada a respaldar el trabajo de Alfredo Smiriglia, investigador postdoctoral en la Università degli Studi di Firenze.

    Su proyecto se enmarca en el estudio del cáncer de mama ER+, con el objetivo de profundizar en algunos mecanismos biológicos que pueden influir en la respuesta a los tratamientos y en el desarrollo de resistencias a lo largo del tiempo.

    Le hemos formulado algunas preguntas para conocer mejor su trayectoria y los principales objetivos de su investigación.

    ¿Si tuvieras que presentarte en pocas líneas, cómo describirías tu trayectoria? ¿Qué estudios y experiencias te han traído hasta aquí? 

    Me llamo Alfredo Smiriglia y soy investigador post-PhD en el Departamento de Ciencias Biomédicas, Experimentales y Clínicas “Mario Serio” de la Universidad de Florencia, en el laboratorio del Profesor Andrea Morandi. Soy de Calabria; me traslade a Florencia para cursar el grado en Biotecnología Médico-Diagnóstica, luego continue con el máster en Biotecnologías Médicas y Farmacéuticas, y finalmente defendí mi tesis doctoral en 2024.

    Durante el doctorado tuve la oportunidad de pasar una temporada en Barcelona, en un laboratorio internacional, una experiencia que me formó no solo científicamente sino también como persona, porque me permitió aprender a trabajar en un entorno multicultural, confrontarme con enfoques distintos ante los problemas científicos y comprender que la ciencia es verdaderamente un lenguaje universal. Participé en congresos internacionales, publiqué en revistas especializadas y ahora, con el apoyo de la Fondazione Veronesi, sigo haciendo lo que amo: buscar respuestas a preguntas que todavía no las tienen.

    ¿Cómo elegiste este tema de investigación? ¿Cuáles son los principales objetivos del proyecto y qué impacto crees que puede tener en la vida de los pacientes? 

    La elección del tema no fue casual: nació del encuentro entre una pregunta clínica sin resolver y una biología fascinante. El cáncer de mama es la neoplasia más frecuente en mujeres y una de las principales causas de muerte oncológica femenina en el mundo. La forma más común, el tumor ER positivo, que expresa el receptor de estrógenos, se trata con terapias hormonales que bloquean la producción o la acción de los estrógenos. Estas terapias funcionan muy bien, pero con el tiempo muchas pacientes desarrollan resistencia: el tumor encuentra la manera de seguir creciendo incluso sin estrógenos. Y es aquí donde se rompe la historia del éxito terapéutico.

    La pregunta que guía mi trabajo es: ¿por qué ocurre esto y cómo podemos impedirlo? En mi laboratorio hemos descubierto que las células tumorales resistentes a la terapia hormonal parecen depender de una enzima llamada CYP1A1, que está implicada en el metabolismo del colesterol. En la práctica, estas células utilizan derivados del colesterol como sustitutos de los estrógenos para seguir activando el receptor estrogénico y proliferar. Es un mecanismo de adaptación elegante e insidioso. El objetivo de mi proyecto es comprender exactamente cómo funciona este mecanismo y demostrar que inhibir CYP1A1, solo o en combinación con los fármacos ya existentes, puede bloquear esta vía de escape de las células tumorales.

    El impacto potencial para las pacientes es concreto: si logramos validar CYP1A1 como diana terapéutica, abrimos el camino al desarrollo de nuevas estrategias para las pacientes que han desarrollado resistencia a la terapia hormonal, para quienes hoy las opciones terapéuticas siguen siendo limitadas. No es un objetivo inmediato, pero es el tipo de investigación básica que, con el tiempo, alimenta la innovación clínica.

    En el día a día, ¿cuál es la parte más compleja de tu trabajo y cuál la que más te entusiasma?

    La parte más compleja es, sin duda, gestionar la incertidumbre. En el laboratorio, la mayoría de los experimentos no funciona como se prevé. No quiero decir que fracasen, sino que los resultados son con frecuencia ambiguos, inesperados, difíciles de interpretar. Hay que aprender a distinguir un artefacto técnico de un resultado biológicamente real, y no siempre es fácil.

    Pero luego está la otra cara. El momento en que miras los datos de un experimento y ves algo que no esperabas, algo que nunca había sido observado antes: es una sensación sin igual. A menudo es una gráfica en un monitor, al final del día, quizás tras semanas de intentos. Pero en ese momento entiendes por qué haces este trabajo. Cada pequeño descubrimiento es una ventana que se abre hacia algo desconocido, y esa sensación nunca se agota.

    Añado un tercer elemento que me entusiasma mucho: trabajar con personas jóvenes, curiosas, apasionadas. El laboratorio es una comunidad. La ciencia se hace en conjunto, no en solitario, y este aspecto me permite compartir ideas, confrontarme con otros, contar con apoyo mutuo en los momentos difíciles: es algo que no había previsto cuando empecé y que, sin embargo, se ha convertido en uno de los valores más profundos de mi trabajo cotidiano.

    ¿Crees que el mundo empresarial está suficientemente implicado en la investigación científica? ¿Qué mensaje darías a quienes eligen apoyarla? 

    La implicación de las empresas en la investigación científica ha crecido en los últimos años, pero todavía existe una brecha significativa, especialmente en Italia, entre el mundo académico y el productivo. Las grandes empresas farmacéuticas invierten en investigación aplicada, en las fases más avanzadas del desarrollo de un fármaco. Pero la investigación básica, la que estudia los mecanismos fundamentales de la biología del cáncer, que es también la que me ocupa a mí, depende en gran medida de financiación pública y de fundaciones privadas como la Fondazione Veronesi. El problema es que la investigación básica no tiene un retorno económico inmediato y medible.

    El mensaje que quiero transmitir a quienes eligen apoyar la investigación científica es este: están invirtiendo en el futuro. Quizás no en su futuro inmediato, sino en el de sus hijos, sus nietos, las personas que tienen a su lado. Cada medicamento que hoy salva vidas es el fruto de investigación básica realizada décadas atrás por alguien que no sabía adónde llevaría su trabajo. Apoyar la investigación hoy significa que dentro de veinte años existirán terapias que hoy no existen.

    ¿Qué papel ha tenido el apoyo de la Fundación en tu carrera? ¿En qué medida ha influido en tu trabajo y en tus oportunidades?

    El apoyo de la Fondazione Veronesi ha tenido un impacto que va mucho más allá de la financiación en sí misma, aunque eso ya es extraordinariamente importante.

    La beca postdoctoral que recibí para 2026 me ha permitido continuar el trabajo sobre CYP1A1 y la resistencia a la terapia hormonal en un momento en que muchos jóvenes investigadores se enfrentan a una elección difícil: seguir persiguiendo una carrera académica en Italia, a menudo con poca estabilidad y recursos limitados, o buscar oportunidades en el extranjero o en otros sectores. Contar con una financiación competitiva asignada en función del mérito científico del proyecto es una señal importante y significa que tu trabajo ha sido valorado positivamente por una comisión de expertos independientes. Eso tiene un valor enorme para la confianza en uno mismo, además de para la carrera.

    Pero hay un aspecto que valoro quizás aún más: la Fondazione Veronesi cree en la comunicación de la ciencia. Proyectos como “Investigadores en el aula” me han llevado a escuelas a hablar de tumores e investigación con jóvenes de 16 a 18 años, y esa experiencia me ha emocionado profundamente. He aprendido a explicar mi trabajo de forma sencilla, a escuchar las preguntas de quienes no tienen formación científica, a recordar por qué lo que hago tiene un significado que va más allá de los números de una publicación. La comunicación científica no es una actividad accesoria, sino parte integrante del contrato que la ciencia tiene con la sociedad. Y la Fondazione Veronesi me lo ha enseñado con el ejemplo.