El mercado cloud italiano continúa acelerando. En 2025 alcanzará los 8,13 mil millones de euros, con un crecimiento del 20% respecto al año anterior. Según el Observatorio Cloud Transformation, los principales motores de esta expansión son la inteligencia artificial, que requiere infraestructuras elásticas y escalables para expresar todo su potencial, y la soberanía digital, que empuja a las empresas a repensar dónde y cómo se gestionan sus datos.
Independientemente de las causas, la nube sigue siendo el habilitador fundamental de la transformación digital, pero su aceleración saca a la luz una pregunta fundamental: ¿están presentes las competencias?
Cloud skills gap: un problema real, ya en marcha
El cloud skills gap, es decir, la brecha entre las competencias requeridas para diseñar, gestionar y hacer evolucionar entornos de nube modernos y aquellas efectivamente disponibles en el mercado, es una de las principales criticidades que las empresas se encuentran afrontando.
La existencia del problema está confirmada por los datos: según SoftwareOne, el 95% de las empresas a nivel global ha sufrido un impacto negativo directo a causa de la escasez de competencias cloud, y en casi un tercio de los casos (32%), esto se ha traducido en el incumplimiento de objetivos financieros.
El cuadro se vuelve aún más crítico si ampliamos la mirada a todo el sector IT. Según las previsiones de IDC, para 2026 más del 90% de las empresas se enfrentará a carencias estructurales de competencias IT, con un impacto económico potencial de más de 5.500 billones de dólares a escala global. Una cuota significativa de estas carencias afectará, ciertamente, a los perfiles relacionados con la nube.
Las señales son evidentes, y mientras crece la demanda de arquitectos cloud, ingenieros DevOps, especialistas en cloud-native security y FinOps, el mercado lucha por responder con perfiles actualizados y operativamente listos; es decir, capaces de trabajar en entornos multicloud complejos y sujetos a múltiples amenazas y potenciales vulnerabilidades. A la carencia estructural de competencias IT se añade, de hecho, un progresivo aumento de la complejidad de los entornos a gestionar, lo que agrava aún más el problema.
Las consecuencias de todo esto son patentes: las tecnologías cloud se adoptan más rápido que la capacidad de gobernarlas, los equipos internos no logran seguir el ritmo y los socios externos son llamados a cerrar un vacío que no es solo técnico, sino también cultural.
La tecnología corre más rápido que las competencias
El cloud skills gap no nace de una caída repentina de profesionales IT, sino de una combinación de factores estructurales que, en los últimos años, han dificultado formar, atraer y retener las competencias adecuadas.
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El primer factor es el ritmo vertiginoso de la innovación tecnológica. Las plataformas cloud evolucionan continuamente con nuevos servicios, herramientas y modelos como el serverless, IaC (Infrastructure as Code) y los marcos de trabajo DevSecOps. Los itinerarios formativos tradicionales luchan por seguir el ritmo, y existe el riesgo de que universidades y cursos profesionales enseñen conceptos que en poco tiempo quedarán superados.
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Entre las causas, algunas fuentes señalan además una "paradoja de la experiencia": las empresas buscan perfiles ya formados sin crear las condiciones para hacer crecer a las figuras junior. En paralelo, algunos profesionales IT tienen dificultades para pasar a los paradigmas software-defined y a las lógicas operativas DevOps, que requieren una evolución cultural antes incluso que técnica.
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Otro elemento crítico es la distancia entre el área técnica y la gerencia. Quien diseña la infraestructura tiene dificultades para representar el valor de sus decisiones en términos de negocio, alimentando una interpretación ya obsoleta de la IT como un centro de costes.
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Incluso contando con certificaciones, a menudo falta la experiencia necesaria para operar en entornos multicloud complejos. Sin un camino de crecimiento progresivo y guiado, muchos profesionales se encuentran en dificultades ante una realidad operativa mucho más compleja e imprevisible que antaño.
Sin cloud, no hay competitividad
Las consecuencias del cloud skills gap repercuten directamente en la capacidad de las empresas para ejecutar proyectos estratégicos. Hoy en día, el negocio depende de la IT, y no solo en términos de continuidad operativa: la velocidad con la que una empresa logra adaptarse, innovar, desarrollar nuevos servicios, atender a los clientes o garantizar el cumplimiento normativo está estrechamente ligada a la solidez de la infraestructura digital que la sostiene. Si faltan las competencias, el cloud no solo frena la evolución de la empresa, sino que podría acelerar la de los competidores; al menos, la de aquellos más inteligentes y maduros desde el perfil digital.
Así, puede ocurrir que un proyecto sufra retrasos o sea redimensionado simplemente porque no hay competencias internas suficientes para orquestar un flujo de automatización, gestionar la infraestructura "como código" o resolver una anomalía. En otros casos, surgen problemas técnicos y de gestión más sutiles, pero igualmente impactantes: entornos mal configurados, autorizaciones excesivas, ausencia de monitoreo, o arquitecturas híbridas desconectadas y servicios cloud tratados como si fueran servidores on-premise.
A todo esto se añade la falta de gobernanza sobre los costes, que especialmente en la nube pública dificulta prever, optimizar y controlar el gasto. El resultado es una infraestructura infrautilizada y a menudo pagada en exceso que, en lugar de simplificar, introduce mayor complejidad. También aquí se produce una paradoja: un modelo nacido para eliminar el over-provisioning típico de la era on-premise termina cayendo en la misma trampa, aunque por una causa distinta.
Cómo afrontar el problema: invertir en competencias, dentro y fuera de la empresa
Cerrar el skill gap no se resuelve simplemente con nuevas contrataciones, suponiendo que se logren encontrar en el mercado las competencias adecuadas. Es, más bien, un desafío estratégico que debe abordarse en varios frentes: haciendo crecer los recursos internos, atrayendo nuevos talentos y apoyándose en socios externos capaces de ofrecer un soporte cualificado (e inmediato).
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El punto de partida es, sin duda, poner en valor lo que ya se tiene. Invertir en la formación de los recursos internos significa no solo mejorar las competencias técnicas, sino también consolidar el capital humano que ya conoce los procesos, limitaciones y objetivos de la empresa. Para ello, es fundamental configurar correctamente los itinerarios de upskilling, complementando los cursos y certificaciones clásicos con laboratorios, acompañamiento práctico y programas de mentoría.
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Paralelamente, es necesario replantear los criterios de selección. En lugar de buscar candidatos perfectos, es mejor apostar por perfiles con bases técnicas sólidas, curiosidad, pasión y capacidad de aprendizaje rápido.
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Asimismo, cabe prestar atención a los servicios gestionados (MSP). Confiar en un socio externo permite acceder de inmediato a competencias especializadas difíciles de construir internamente, reduciendo el riesgo operativo y acelerando los proyectos. Los mejores MSP no se limitan a "hacer", sino que transfieren conocimiento, introducen mejores prácticas y ayudan a construir internamente una cultura de la nube más madura.
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Para completar el cuadro, se requiere también una visión clara de crecimiento profesional. Quienes poseen competencias clave deben ser valorados, motivados y retenidos mediante trayectorias tanto técnicas como de gestión. A largo plazo, la IT y el negocio se convertirán en una sola entidad: es mejor prepararse a tiempo.
Para afrontar realmente el cloud skills gap hace falta, por tanto, un cambio de paradigma, porque no es un problema exclusivo de IT o de RR.HH., sino un factor crítico de competitividad empresarial. Solo un enfoque integrado, que involucre a personas, procesos y a los socios adecuados, puede dar una respuesta concreta a una criticidad cada vez más presente en las empresas europeas.
